Primera entrada del año (y quizás la única), ya veremos...
Balance 2026. El Avance de las Derechas.
Chile, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela (mediante una invasión y secuestro de un presidente). Parece ser que América Latina está dando un viraje hacia la derecha. Se han dado explicaciones de ello en gran cantidad, proponiendo hipótesis que van desde el fracaso del progresismo en esos países hasta la franca intervención de Estados Unidos, en concreto de la administración actual de Donald Trump. Lo complejo del asunto es que todas las hipótesis tienen algo de razón. Es evidente el agotamiento de la izquierda, la falta de resultados de los gobiernos progresistas en la atención de las necesidades ciudadanas; pero también la capacidad de una potencia, si bien en franca decadencia, que aún posee para la intimidación y el chantaje. Aquí las preguntas son, ¿este viraje es definitivo? y ¿tendrá la izquierda alguna posibilidad de volver? Mis respuestas, desde mi modesto punto de vista, son dos en forma respectiva: no lo creo y no para esa izquierda actual. Hay dos factores que tendrían que darse para que el progresismo vuelva al poder; 1. Que la derecha sea incapaz de cumplir, no sólo con sus promesas sino con llevar a cabo el ejercicio de un gobierno que resuelva los problemas sociales, lo cual creo que va a suceder porque gobernar para el pueblo no está en su naturaleza; y 2. Que la izquierda se reinvente mediante una revisión autocrítica de sus gestiones y que sea capaz de aprovechar el descontento social que la derecha en el poder genere, como ya está sucediendo en Bolivia y en Chile.
Aparte, hay un punto adicional que considero importante para la autocrítica en la izquierda. Considero que el mayor error cometido fue anteponer las agendas identitarias a una política de gobierno en favor de la mitigación de las desigualdades. Este error se vio en los progresismos latinoamericanos en general, y se ve en el español todavía en el gobierno. No estoy diciendo que las agendas identitarias (feminismo, minorías étnicas, migrantes, comunidad LGBTIQ+) no sean importantes, que de suyo lo son. Lo que planteo es que es un error hacerlas el centro de la acción de gobierno, habiendo necesidades generales más apremiantes, como la desigualdad social, la precarización del empleo, la crisis de vivienda, la gentrificación, que, al final, terminan por afectar a la gran mayoría de la población. Se pueden atender las agendas identitarias con mayor legitimidad si se hace de forma consecuente, o incluso paralela cuando sea posible, a la atención de las necesidades sociales más generales. En México, esto es lo que ha contribuido a la fortaleza, ahora atípica, de su proyecto progresista, que se resume en la máxima obradorista, ahora humanismo mexicano, "por el bien de todos, primero los pobres."
Estados Unidos, la Guerra de una Potencia Decadente.
Es muy poco lo que voy a escribir sobre la situación actual de Estados Unidos como potencia en decadencia, y de su guerra, absurda y condenable, contra Irán, por capricho de su presidente y por manipulación del régimen de Israel. Tan solo voy a expresar que el mundial de fútbol no se debió haber llevado a cabo en ese país (pero el negocio FIFA es el negocio FIFA).
Hablando del Mundial (y del Argentina-Hate)...
2026, año de mundial de fútbol. Este se llevó a cabo, por vez primera, en tres países, México, Canadá y Estados Unidos. Esta inusual designación de sede fue producto de la crisis de corrupción de la FIFA (el llamado "FIFAgate"), que fue aprovechada para que este organismo hiciera de la copa del mundo el mayor negocio deportivo del año. Reparto desigual de partidos, patrocinios al por mayor, "pausas de hidratación" para poner más publicidad, un sistema de precios de boletos según su demanda que provocó que alcanzaran el mayor nivel de encarecimiento de la historia, fueron algunos de los elementos de escándalo para esta edición. Otros se mencionan aparte.
Una singularidad a destacar es el trato que se dio a la selección de Irán, que no pudo establecer su base en Estados Unidos aún teniendo que jugar sus partidos en dicho país, obligando a que lo hiciera en México, en Tijuana en concreto. A eso se añade las exigencias migratorias de entrada a jugadores, arbitraje y afición por parte de la administración trumpista.
El mundial 2026 fue, en mi modesta opinión, el que evidenció que el comportamiento de juego actual ya rebasó las capacidades del arbitraje, exhibiéndose carencias de autoridad y hasta incompetencia, reflejadas en el abuso del uso del VAR, que, originalmente, se implementó como elemento auxiliar para la toma de decisiones ante situaciones de apreciación difícil, y que terminó por reemplazar, en forma tácita, el criterio de los árbitros. Se requiere una revisión a fondo del arbitraje y de sus herramientas para ponerlas acorde con las situaciones de juego actuales.
También, durante el desarrollo del torneo, se dieron otras situaciones, como el levantamiento de una suspensión por tarjeta roja a un jugador de la selección de Estados Unidos producto de una llamada de Trump al presidente de la FIFA, o la percepción de que su diseño y del manejo arbitral se dieron para favorecer con ventajas a algunas selecciones en lugar de a otras, con base en la situación geopolítica actual, alineándose con los intereses del anfitrión principal. Todo ello contribuye al descrédito que la federación internacional arrastra desde ya varios años.
Finalmente, desarrollo la situación de la campaña de odio que se dio durante, y sobre todo al final del torneo, hacia el país de Argentina en general y a su selección en particular. Existe la percepción, como ya se comentó, de que a dicha selección se le dieron ventajas y ayudas arbitrales que lograron su llegada a la final, misma que terminó por perder ante la de España. Mi opinión al respecto es que, para sustentar esta acusación, se requiere una revisión de los partidos de esa selección objetiva y libre de sesgos, tanto a favor de Argentina como en contra, para determinar si hubo dichas ventajas o no. Lo que sí es un hecho, es que dicha percepción generó la campaña de odio, en especial en las redes sociales, que continúa su presencia hasta el momento de elaboración de esta entrada. Por otra parte, elaboro los puntos que integran mi opinión personal: 1. Creo que ningún país o identidad nacional es merecedora de odio y xenofobia, por lo que rechazo los que se están dando contra las personas de Argentina; 2. Si realmente se dieron ventajas injustas a la selección de Argentina para favorecerla en el torneo, el resultado final fue justo el contrario: la perjudicaron; 3. Sin embargo, sí ayudaría que los futbolistas sudamericanos en general, y argentinos en particular, cambiaran algunas actitudes, como dejar la intimidación y la marrullería hacia los arbitrajes y rivales, y que también desarrollaran una actitud más sana ante la victoria y ante la derrota, dejando de ser arrogantes en la primera, y caprichosos y victimistas en la segunda.
A Manera de Conclusión.
Hemos rebasado la mitad del año y percibo un agotamiento del mismo. Me gustaría decir que las cosas podrían mejorar de aquí a su final, pero creo que lo más factible será que empeoren antes de ello.
Zapopan, Jalisco, agosto 2026.
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